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El vino, los comensales y sus copas |
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Por: Angel Mendoza O.
Distrito Capital - 26/05/2007 10:45:37 |
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| Vino |
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Ahora que vivimos la revolución del vino en el restaurante, nadie quiere vino barato que parezca barato. Y tampoco que se lo sirvan en copas de tasca de los años setenta. Ahora hay también mucha botella con etiqueta moderna que presume lo que no es, ofrecido por señoritas espectaculares que antes impulsaban whisky. Y también una nueva generación de consumidores que sabe y presume sobre marcas de copas, como lo hacen con sus celulares, sus motos y los carros.
Con los clientes ortodoxos, los restaurantes tienen menos problemas. Jamás piden el vino de la casa, sino marcas. Pero con ellos el problema de las copas es mayor. El malestar va creciendo. Tanto, que algunos nuevos restaurantes se pasan y ofrecen botellas del montón, basados más en pactos comerciales que en la calidad del viñedo, añada y envejecimiento, servidas en copas espectaculares. El ortodoxo no acepta la infame copita de vidrio para el vinito blanco. Ni tampoco las copas de vidrio pesado, irrompible, grueso, testigo de cientos de cenas, miles de almuerzos, que han sobrevivido por décadas al día de la secretaria, y al chinchin de los cumpleaños. Ni acepta el ortodoxo que le vendan vino de supermercado como joyas de la enología moderna.
Enterados del mar de fondo sobre los cristales del vino, los empresarios de nuevo cuño que se vuelcan a abrir restaurantes fashion, en lugar de aprender de vinos, aprenden sobre cómo impresionar. Así que puede pasar aquí lo que ya ha pasado en otros países: en las nuevas aperturas, la cristalería es un poema. En muchos casos, es lo mejor del res-taurante, cocina incluida.
La revolución de las copas –piensa uno– es algo más que un dilema entre vidrio y cristal. Lo que el comensal quiere y busca es que la cultura del vino, que tiene códigos, una cierta etiqueta convertida en elegancia y disfrute razonado, funcione a su favor. Y para eso, además de cambiar las copas y eliminar el vino barato oxidado, hace falta más esfuerzo y capacitación en el servicio. Por ejemplo, no más mesoneros peleándose por decantar, en decantadores para presumir, vinitos de supermercado. No más abuso, rellenando copas cuando no se les pide, para apurar el consumo de la segunda botella y hacer que el comensal se quede sin vino justo cuando más lo necesita.
La cultura del vino no descansa en la copa, sino en el comensal. La de quien lo ofrece y lo sirve, también.
Fuente: Alberto Soria
Lecturas: 761
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Comentarios (1)
RUBEN RINCON ha escrito:
24/08/2009 20:13:24, de TACHIRA
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QUE LA FUENTE Y LA SATISFACCION DE UN COMENSAL CONOCEDOR DE VINO SE SIENTE CUANDO LA SUGERENCIA SE HACE LLEGAR POR EL CONOCIMIENTO Y DESTREZA OLVIDANDONOS DE LO COMERCIAL, YA QUE ESO AYUDA A UN BUEN POR VENIR DE UN RESTAURANT FORTALECIENDO HACI LA CREDIBILIDAD DE UN BUEN NEGOCIO, GRACIAS.
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